viernes, 4 de noviembre de 2016

Redescubriendo la lectura | por Victoria Ramírez Llera

Redescubriendo la lectura

Jorge Luis Borges (escritor argentino): "La lectura es una de las formas de la felicidad, y a nadie se le puede obligar a ser feliz"

Desde el colegio nos enseñan a “leer” como un acto mecánico a través del cual juntamos letras, que forman palabras y juntamos palabras que, a su vez, forman oraciones. Una vez dominada la técnica aprendemos algunas estructuras gramaticales básicas, hacemos análisis morfológicos y sintácticos y finalmente nos enfrentamos a textos más “duros”, donde podemos superar cualquier control de lectura si somos capaces de responder algunas preguntas reiterativas: ¿quién es el personaje principal?, ¿quiénes son los personajes secundarios?, ¿cuál es el conflicto central?, ¿dónde se desarrolla la trama?.. Todo eso sólo puede ser una cosa: fome. Por si fuera poco, no nos incentivan a leer: nos obligan a hacerlo. Resultado, son muchos quienes, desde niño, asocian la lectura a una actividad aburridora, cansina y poco productiva.
¿Por qué no nos dicen que un libro es mucho más que una recopilación de letras, palabras, oraciones y párrafos? ¿Por qué nadie nos advierte que con sus páginas podemos dialogar, concordar, discrepar, emocionarnos, maravillarnos, encontrar enlaces con nuestra vida y nuestro entorno, transportarnos por épocas y lugares que de otra manera siempre ignoraríamos?
Desde que tenemos “uso de razón” se nos enmarca en una suerte de lógica binaria: el bien y el mal, la belleza y la fealdad, el tiempo y el espacio, Dios y Lucifer, ser o no ser, cielo o infierno… Los adultos nos presentan el mundo como un enorme Berlín donde estás a un lado o al otro del muro. El pensamiento literario se escapa de esa lógica y nos invita a la aventura de pensar lo imposible. Gracias al lenguaje, razón y pensamiento literario pueden encontrar un espacio común donde el mundo se reescribe, donde el tiempo no es lineal y donde la existencia abarca miles de dimensiones. En suma, se abre un espacio donde la realidad no es única y donde nadie puede quitarnos la libertad.
Jorge Luis Borges decía que entre todos los objetos inanimados, el libro es el único que posee un alma, porque el autor derrama en sus páginas su cosmovisión y muchas de sus emociones; a la vez que el libro adquiere algo así como una vida propia porque al ser leído por un tercero, se independiza de lo que el escritor quiso hacer en un principio y es ahora el lector quien encamina su destino.

Cuando empecé a escribir esto pensé en esa mayoría de chilenos que no entiende lo que lee. A poco andar me di cuenta de que ése es un problema del ministerio de Educación, y no mío. La verdad es que mientras podamos entender las instrucciones para cocinar un paquete de fideos, el recorrido de un bus del Transantiago o la dosis justa del medicamento que nos recetó el doctor tenemos lo básico bajo control. Pero lamento decirles que eso no es saber leer, eso es conformarnos. Y si nos conformamos, nos perdemos lo fundamental. Seamos más como Borges y menos como los ministros: jactémonos de las páginas que hemos leído y de las que nos quedan por leer.



Victoria R. Llera. 
Escritora por vocación, periodista de profesión. Coautora del poemario “Juntas y Revueltas” ; cofundadora del grupo literario Sociedad Folla(G) e incesante lectora. 


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