martes, 17 de junio de 2014

Libros Cartoneros y el Arte: el fenómeno chileno


Deambulan por la ciudad, recolectan cartones, hojas, trozos de tela, recortes de revistas, para hacer libros enteramente a mano. Intercambian experiencias y tienen todas las ganas de volver popular este oficio antiguo.


Publicado en el 2013 en la Revista Cebra de ciudad empresarial.

Una vez leí que los libros estaban destinados a desaparecer con el advenimiento de las nuevas tecnologías. Y en parte, es verdad, pero aún así, el objeto libro todavía es valorado por muchas personas. Las ferias del libro como la famosa FIL de Guadalajara, congrega multitudes locas por las nuevas publicaciones. En Chile, durante los últimos años, han surgido más editoriales independientes, que publican a narradores y poetas noveles, en pequeñas ediciones, llamativas, sencillas, minuciosamente hechas, que se reúnen en ferias independientes como La Furia del Libro, entre otras. Podríamos decir que van en contra de los tiempos y los designios de autores de tecnologías colaborativas.
La Editorial Calafate Cartonera, es una de estas editoriales que surgió este año 2012, buscando popularizar el libro, haciendo de él un objeto de expresión artística. Son series de corto tiraje –a lo más 40 libros por obra- hechos a mano. Su nombre surge de un mito de los pueblos de tierra del fuego, que cuenta sobre una joven tehuelche llamada Calafate quien se enamora de un joven selknam. Debido a las rivalidades entre los pueblos, el amor entre ellos no es permitido y para separarlos ella es convertida en una planta. El joven es ayudado por chamanes en la búsqueda de su amada y es convertido en un ave. Un día, mientras sobrevolaba buscando a Calafate, se posa en una planta para comer sus frutos y descubre que son iguales a los ojos de su amada, es así como se encuentran nuevamente a pesar de todo.
Zara Bahdí, poeta y dibujante que vive en Quilicura, participó en el “Taller de memoria y edición cartonera” realizado en el Museo de la Memoria, por la editorial Meninas Cartoneras. De ahí, surgió su motivación con la temática cartonera y el vínculo con lo popular, que inspira este tipo de trabajos.  En conjunto con la poeta y directora de la revista literaria La Mancha de Quilicura, Amanda Espejo, iniciaron el proyecto editorial Calafate Cartonera y decidieron emprender este oficio que se ha expandido en Chile y otros países como Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, México y España.
Comenzaron en Septiembre de este año y han finalizado la producción de cerca de 40 libros de su primera obra, El Principito de  Antoine de Saint-Exupéry. Zara dice que para ella esta obra es EL libro de su niñez. Por lo cual decidió realizar para él cerca de 40 ilustraciones de inspiración libre. Amanda, por su parte realizó la confección de las tapas de cartón, ocupando cajas, recortes de revistas, papeles, telas y un sinfín de materiales reciclados que luego fue incorporando en cada portada. Cada una de las cuales es única y 100% hecha a mano.
Los fundamentos de las editoriales cartoneras, son el reciclaje y producir un enlace social. De hecho las mismas editoriales aunque son independientes, están de una u otra forma vinculadas, y publicando obras de autores independientes o miembros de sus propios colectivos. Lo que mueve a Zara es llegar a lugares donde “sus pies no la llevarían”. Trabajar en asilos de ancianos u organizaciones vecinales, para tener acceso a los escenarios de ese Chile que no sale en las noticias ni en los diarios. Participar en las comunidades a través de talleres, donde se enseñe la técnica y donde prime el trabajo colectivo más que el nombre de quien lo dirige. Ser una guía, pasar a ser del montón antes de ser reconocido como el iluminado.
El rol social de las editoriales cartoneras surge en el momento en que las personas comparten sus obras, sus experiencias y se relacionan con el resto a través de compartir el trabajo, la lectura. Busca integrar, recordar, e incluso dar la libertad para innovar y dar rienda suelta a la imaginación aún en condiciones extremas, como sucede con la editorial “Me muero muerta” que funciona dentro de un penal de mujeres, en Argentina.
Generalmente, publican obras liberadas del derecho de autor, como los clásicos, sin fines de lucro. Si se trata de la obra de un autor más reciente, se puede pedir su permiso. El valor de un cartonero es tan bajo, que no representa necesariamente el valor artístico del objeto libro. El pago es casi simbólico y su fin es en esencia la difusión.  En estos días, donde muchos autores autopublican sus obras, esto adquiere un valor más profundo, más íntimo y personalizado.
Para Amanda Espejo y Zara Bahdí, comienza el trabajo con la selección de la obra. Buscan distinguir su editorial al incluir sus propias ilustraciones y materia prima que, lejos de ser encontrada en las tiendas chinas donde todo está ya listo, aprovecha una tela, un recorte del diario, una hoja seca, lápices, pegamento. Elementos nobles que junto al cartón generan una tapa. El interior puede ser la clásica impresión en hoja blanca, impresa en casa o, fotocopias e incluso manuscritos.
Con la Editorial Calafate Cartonera buscan dar rienda suelta a la imaginación. Salir del formato clásico de un libro y hacer un trabajo más personal, donde tanto la obra misma –la poesía y la narrativa- y su forma física tengan un sentido. Ya sea para el autor o para el lector. Hasta el momento, esperan realizar tres publicaciones anuales, debido a la minuciosidad de este trabajo, que aproximadamente tarda tres meses en salir a la luz. Aspiran a lanzar sus ediciones con la formalidad que merecen, quizá en alguna de las próximas ferias del libro durante el 2013.
Así como en “1984” de George Orwell, la mayor traición a un sistema antihumano era escribir un libro-diario, y en “Farenheit 451” de Ray Brudbury, se emprende un viaje para descubrir que la resistencia está conformada por hombres libro, la obra de Calafate Cartonera surge dentro de una corriente que busca mantener la memoria colectiva a través de sus narradores. Son nada más ni nada menos que las personas -quienes diariamente viven la vida a su manera y habitan la ciudad-los que van dejando huella, tratando de salir de su metro cuadrado para contar historias a otros. Se trata de tomar en serio ese hobby que algunos teníamos de niños, cuando escribíamos diarios y pegábamos fotos y dibujos que narraban nuestra personal visión del mundo. Todos podemos ser los héroes de nuestra propia historia. *fin*


Columna "Hecho a mano" publicado en Revista Cebra (Ciudad Empresarial), Enero 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario